Qué es la Malaria?

La Malaria o paludismo es la afección producida por cualquiera de las cuatro especies de parásitos del género Plasmodium capaces de infectar al ser humano (P. falciparum, P. vivax, P. malariae y P. ovale). Se trata de una enfermedad adquirida en forma natural mediante la picadura de diferentes mosquitos vectores del género Anopheles y el hombre constituye en la práctica la única fuente de infección. El ciclo de vida del agente causal de la enfermedad es muy complejo e involucra una fase de multiplicación sexuada en el vector (hospedador definitivo) y otra asexuada en el humano (hospedador intermediario).

La distribución de la Malaria es amplia en regiones tropicales del mundo en desarrollo, constituyendo en la actualidad una de las enfermedades infecciosas más importantes , no sólo por su elevada incidencia (se estiman más de 300 millones de casos cada año a nivel mundial), sino también por la importante mortalidad asociada (2 millones o más muertes cada año), predominantemente en la región sub-sahariana del Africa. En especial, la Malaria es potencialmente letal para aquellos individuos no inmunes que visitan las regiones tropicales donde ocurre la transmisión.

En América se reporta un número variable de casos que oscila entre uno y cuatro millones por año, con una tasa de incidencia de más de 430 casos x 100.000 habitantes. Muchos de estos casos, corresponden a adultos expuestos a la infección por razones de tipo profesional o turística. Debe destacarse que en Latinoamérica, a diferencia de lo que ocurre en Africa, el riesgo de infección para los visitantes a áreas urbanas en general y especialmente en aquellas ubicadas por encima de los 800 metros de altura, es extremadamente bajo.

 



Manifestaciones Clínicas

Una vez iniciada la infección, existe un lapso variable que habitualmente está entre una semana y tres meses (período de incubación clínica), en el cual el paciente no presenta ninguna manifestación atribuible a la infección en progreso. La enfermedad se inicia comúnmente con fiebre de características diversas, malestar general, dolor de cabeza, decaimiento marcado y trastornos digestivos (nauseas, vómitos y diarrea). En algunos casos, el episodio febril dura pocas horas, y es precedido de escalofríos intensos y seguido por sudoración profusa con debilidad marcada (astenia). El mismo proceso (acceso malárico) se repite cada 48 ó 72 horas (fiebre terciana o cuartana), según la especie del parásito involucrado. Tales síntomas pueden fácilmente ser confundidos con un episodio de influenza (gripe) u otras enfermedades, de evolución benigna. Sin embargo, el deterioro clínico de un paciente infectado por algunas de las especies de plasmodio (P. falciparum, por ejemplo), puede ser brusco y dramático, con un rápido aumento en el número de parásitos presentes en la sangre. Eventualmente, dichos pacientes pueden desarrollar complicaciones graves que afectan el funcionamiento de diversos órganos y sistemas, tales como riñón, pulmón, cerebro, etc. La Malaria cerebral es una de las complicaciones más frecuentes y serias, asociándose con la aparición de delirium y coma progresivo, el cual desemboca en la muerte del paciente en un período relativamente corto de tiempo si no se administra atención médica adecuada.

Todas las personas expuestas al riesgo de infección malárica en las semanas o meses previos, que presenten fiebre asociada a un proceso tipo influenza o a cualquiera de las manifestaciones antes mencionadas, deben buscar rápidamente asistencia médica experta y ser sometidos a exámenes específicos de sangre para descartar dicha infección, lo antes posible. En general, es preferible practicar las pruebas diagnósticas durante los episodios febriles y en muchos casos, deben repetirse los exámenes en varias oportunidades, antes de excluir completamente la posibilidad de dicha infección.